En el país existen dos zonas productivas de frutilla muy importantes. La primera se encuentra en Salto y la otra en la zona de San José en el sur, pero con sistemas productivos diferentes lo que lleva a que la genética nacional producida por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria se pueda desarrollar mejormente en esta zona.
El Ing. Agr. Esteban Vicente, integrante del equipo de Mejoramiento Genético Hortícola de INIA, explicó que «el sistema de producción de la zona norte está basado en un vivero generalmente propio del productor, en plantas madres que el de alguna manera las obtiene las mantiene y las produce, y de un cultivo que se renueva todos los años bajo producción bajo plástico». Este sistema ha generado que las variedades nacionales sean fundamentales en la zona, «porque la mayoría de las variedades extranjeras no funciona bien en nuestro modelo».
En tanto en el sur del país, principalmente en la zona de San José, «a los productores les sirve la planta importada, la importan todos los años, ellos no hacen viveros o sea dejan de la lado una etapa de producción del cultivo y producen en primavera de forma muy concentrada que sería desfasado con la producción de Salto y les funciona muy bien».
Vicente señaló que el desarrollo y la importancia de las variedades nacionales en esta zona se ha logrado en base a un trabajo diferencial de INIA, «estamos hablando más de sistemas de innovación, en cierta forma no es la figura de que el INIA elabora la información para que después los productores la adopten y la usen, sino que es en conjunto que se está generando este proceso».
En este sentido, «la cultura que tienen los productores de vivero propio hace que la genética nacional en el norte haya funcionado muy bien y sea exitosa» señaló el técnico, quién además explicó que «cuando el productor deja de tener esa cultura de hacer vivero propio, que es la situación de otros países y del sur, pedirle que haga viveros propios es muy complicado. Por ende la genética nacional es muy difícil que se difunda si no hay viveros en la zona y eso es un poco, a mi modesto entender, lo que está pasando en la zona sur del país».
El trabajo que está desarrollando INIA está enfocado en levantar las limitantes sanitarias que ha enfrentado el cultivo en esta zona, pero que no afecte la productividad y la calidad de la fruta.
«Las variedades resistentes que estamos evaluando hoy tienen algunas debilidades como el caso de Agata con el problema de arañuela que hemos podido ver en toda la zona este año, el desafío es variedades resistentes a todas esas enfermedades sobre todo estas enfermedades de hongos que nos tienen bastante complicados y estamos tratando de salir adelante pero sin perder calidad de fruta» dijo Vicente.

