
Federico Raquet, integrante de la firma Engraw, dijo que debido a que la cadena industrial de la lana es «una cadena muy larga», donde la «industria topista es el primer paso, pero después están los hilanderos, los tejedores, los confeccionistas, los distribuidores y recién ahí el cliente final», consideró que las certificaciones en el sector lanero «es un vehículo muy rápido y eficiente» para que el consumidor reconozca que la prenda que adquiere «contiene bienestar animal o fue producida de una manera orgánica».
El empresario dijo que «con un logo o una palabra» el comprador entiende «mucho de lo que sucedió en el campo», por lo que sostuvo que las certificaciones «son una gran ventaja» en la actualidad.
Si bien reconoció que en el mercado «habrá de la lana y de la certificada», dijo que «nosotros esperamos que si la lana se certifique, que haya un diferencial». Respecto a ese diferencial en el precio, Raquet dijo que «nosotros lo pretendemos a la hora de venderlo y tratamos de defenderlo a la hora de comprarlo».
Para el lanero, las certificaciones es una demanda del lado del comprador, «tenemos que pararnos del lado del consumidor y pensar sí cuando alguien va a la góndola a comprar, eso le importa y cuanto más está dispuesto a pagar».
Indicó que este tipo de certificaciones hoy son requeridas puntualmente en las lanas finas, con destino a prendas de vestir. Sin embargo no descartó la posibilidad de colocación de lanas medias de alta calidad, con este tipo de certificaciones, hacia clientes específicos de la Unión Europea, que también demandan este tipo de certificaciones para la confección de alfombras, por ejemplo.
Salto, 10 de setiembre de 2021
