La revisión del toro, es «un seguro de vida»

La revisión andrológica de los toros antes del entore debería ser una práctica rutinaria en todo rodeo de cría, aunque muchas veces se posterga por considerarse un gasto evitable. Así lo explica el Dr. Juan Araujo, veterinario especializado en reproducción bovina, quien sostiene que lo que se hace —o se deja de hacer— con el toro hoy “se ve reflejado meses después, cuando llegan los terneros”.

Un solo animal, toda la responsabilidad

Para Araujo, el toro concentra una responsabilidad que ninguna vaca individual tiene: mientras una hembra aporta a su propio ternero, el macho debe responder por 20, 30 o hasta 50 vientres en la misma temporada. “Si lo largamos sin revisarlo antes y resulta que tiene un problema, no estamos afectando a una sola hembra: estamos comprometiendo el servicio de todo un grupo de vacas”, advierte. Esa misma lógica explica por qué un toro apto desde el primer día impacta directamente en la concentración de la parición: cuanto antes comience a trabajar con normalidad, más terneros nacerán al inicio de la temporada, lo que simplifica el manejo del rodeo y despareja menos las camadas.

Los 60 días que marcan la diferencia

La recomendación profesional es revisar a los toros 60 días antes del entore, un plazo que no es arbitrario. El espermatozoide demora exactamente ese tiempo en formarse en el testículo, de modo que si se detecta un problema hay margen para tratarlo —o, si no hay recuperación posible, para descartar el animal y salir a comprar con tiempo. “Si esperamos a último momento, el productor se ve apurado, compra con urgencia y termina tomando decisiones que no son las mejores”, resume el veterinario.

Cuatro puntos del examen

El protocolo que aplica Araujo contempla cuatro instancias. La primera es el examen físico general: visión, dentición y aplomos, condiciones básicas para que el toro pueda desplazarse y alimentarse sin dolor. La segunda apunta a los órganos reproductivos: pene, prepucio y testículos, estos últimos evaluados por cantidad, tamaño, elasticidad y tonicidad mediante la circunferencia escrotal. Este dato, señala Araujo, trasciende al propio animal: “a mayor circunferencia escrotal, las hijas de esos toros van a tener una precocidad sexual bastante mejor”, lo que conecta la revisión con la mejora genética del rodeo a largo plazo.

El tercer punto combina sanidad y calidad seminal. El raspaje prepucial detecta enfermedades venéreas que, de pasar inadvertidas, se transmiten a las vacas y generan abortos o infertilidad en todo el grupo servido. A eso se suma el análisis de la muestra de semen, indispensable porque un toro “puede verse perfecto por fuera, estar gordo y con buen aspecto, y por dentro tener un problema en la calidad seminal”.

El último punto, que Araujo describe como “la frutilla de la torta”, es la prueba de habilidad de monta: se suelta al toro con una vaca sujeta en un cepo y se observa si completa el servicio con normalidad. Ahí se detectan dolores de columna o patas, y también problemas físicos como desviaciones del pene que impiden una eyaculación correcta. “Son problemas que solo se detectan en la práctica”, subraya.

El manejo también importa

La revisión, sin embargo, no agota las precauciones necesarias. Los toros de dos años o sin experiencia previa deben trabajar separados de los animales adultos, ya que la dominancia de los toros viejos “los va a golpear, los va a lastimar y no los va a dejar terminar el trabajo”. Tampoco conviene asignarles una carga de vacas excesiva: el entusiasmo de un toro sin rodaje puede derivar en lesiones justo cuando más se lo necesita.

Algo similar ocurre con los toros recién comprados en remate. Araujo advierte contra la práctica de llevarlos directo al campo y ponerlos a trabajar al día siguiente: “el toro viene de otro predio, y precisamos acoplarlo unos días al piquete donde lo vamos a tener, que conozca el agua, por dónde va a andar”. El cambio de ambiente —muchas veces desde una pradera hacia campos duros del norte— es exigente, y la falta de adaptación suele confundirse con un problema genético o sanitario que en realidad es de manejo: “la verdad es que vos, cuando lo llevaste, le diste un problema al toro”, señala.

Para Araujo, todas estas decisiones forman parte de una misma cadena: la revisión temprana permite saber cuántos toros hay que reponer y con qué anticipación salir a comprar, de modo que el productor llegue a la zafra de remates con información clara y no “a ciegas”.

Salto, 28 de septiembre de 2026