El trabajo realizado por Uruguay para alcanzar el ingreso de carne ovina con hueso al mercado estadounidense, fue poco a poco alcanzando varios logros en el camino. Se debe recordar la habilitación de la figura del compartimento para esta especie y «a la uruguaya», como dice el Dr. Jorge Bonino, para la certificación de animales ovinos libres de fiebre aftosa en un país con vacunación únicamente de los vacunos.
Luego llegó el reconocimiento del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (el USDA por sus siglas en inglés) y por último la habilitación formal por parte del gobierno norteamericano que se dio a conocer en plena exposición del Prado. Luego vino el primer negocio, la primera faena, el embarque y actualmente ya se programa una nueva faena de animales para fin de año.
Estos pasos fueron consolidando un trabajo que va más allá de la apertura puntual de este mercado y que apunta a lograr habilitaciones en otros países de vital importancia para el comercio de carne ovina, como lo es la Unión Europea y los países árabes por ejemplo.
Lo único que se podría decir es que aún está por confirmarse un negocio que rentabilice la producción en este tipo de sistemas de producción. Los dos primeros embarques, uno con destino a Filadelfia y el otro a Nueva York, alcanzaron valores de U$S 5.000 la tonelada según informó la Consultora Tardáguila Agromercados. Esta referencia de precios es similar a la obtenida en los negocios a Brasil, con un flete menor y sin la inversión del compartimento.
El jefe del departamento de compras de hacienda de frigorífico San Jacinto, Rodrigo Santos, dijo que «se cumplió la primera etapa y ahora tenemos que empezar a posicionar el producto, o sea hacer que el consumidor en Estados Unidos lo conozca, porque aún no hemos logrado precios que hagan una diferencia respecto a los mercados con los que trabajamos».
Santos explicó que no se ven diferencias en los márgenes del negocio para el sistema de producción, pero «hay un potencial alto» en dicho mercado. Sostuvo que hay que lograr «darle atributos al producto para lograr los precios» que alcanzan tanto Nueva Zelanda y Australia.
Reconoció que no será un camino fácil el poder lograrlo porque estos países «en la interna se dice que son primos-hermanos con Estados Unidos, los aranceles son cero, y además el mismo distribuidor es productor en Nueva Zelanda entonces tenemos que competir contra eso».
Santos explicó que todos los actores de la cadena ovina deben conocer más sobre el tema compartimento ovino y comenzar a trabajar en una planificación a largo plazo para no tener altibajos en la oferta del producto y lograr abastecer el mercado adecuadamente.
«El compartimento ovino tiene un mínimo de 30 días en que los animales deben permanecer ahí, entonces ahí empiezan jugar las posibles variables» explicó el representante de la industria y se refirió a la posibilidad de una posible suplementación para terminar animales en un corto período de tiempo. «Tenemos que asesorarnos todos, como hacer el compartimento porque no son instalaciones tan grandes, es más gestión de lo que hay que hacer, llevar registros y caravaneo de los animales».
Según Santos parte de los costos puedan estar en manos del gobierno, en el caso del caravaneo de los corderos «está pensado que el SNIG ponga su parte y el MGAP en el sangrado de los animales». Respecto al sistema de producción de los corderos y en cuanto al manejo alimenticio de los mismos dijo que «el sistema de producción es totalmente a parte de la norma de bioseguridad, o sea uno puede hacerlo en confinamiento pero ahí entramos en temas de costos».
El integrante de San Jacinto dijo que en esta segunda etapa, donde se deberá consolidar una veta comercial que sea atractiva para la inversión en la producción de este producto, la industria aspira a trabajar de forma planificada para que el productor pueda tener «certeza que cuando ingresa sus corderos los va a poder colocar» al mimos tiempo «para no tener esos desencuentros que generan acumulación de producción o falta de producto para abastecer a los clientes».
Hablo de la necesidad de tener compartimentos estratégicos en varias zonas del país «por ejemplo en Salto, en el centro del país, en el este, lugares donde el productor pueda ir y verlo y ver cómo funciona» el sistema de trabajo.
