
El control de la garrapata continúa siendo uno de los principales desafíos para la ganadería del norte del país. Así lo expresó el ingeniero agrónomo Jorge Riani, directivo de la Asociación Agropecuaria de Artigas, quién al analizar el nuevo plan presentado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca contra el parásito, planteó advertencias y la necesidad de medidas adicionales para que el problema pueda ser enfrentado con real eficacia.
«El plan de la garrapata es respetar lo que era la ley de garrapata antigua. Si bien es cierto que fue lanzado con bombos y platillos por parte del gobierno, los productores tienen que saber que la plata para este proyecto sale de nuestro bolsillo, del Fondo de Enfermedades Prevalentes en la mosca de la bichera», afirmó. Para el dirigente, el programa representa un avance, pero también exige ser consciente de que los recursos provienen directamente del propio sector.
Los agentes dinamizadores como pieza clave
Uno de los puntos que Riani resaltó con mayor énfasis fue la inclusión de los llamados agentes dinamizadores. «Son gente que recorre las seccionales en moto o en auto y ahí define los lugares problema. En vez de multar, tenemos que ayudar a la gente a salir del problema. Eso me parece lo más llamativo del programa», explicó.
A su entender, esta figura resulta esencial porque permite una acción sanitaria en el terreno, con conocimiento directo de la realidad de cada zona. «Más que policía sanitaria, tiene que ayudar a los productores a hacer las cosas como se debe», sostuvo. La función no debería limitarse a fiscalizar, sino que debería orientarse a implementar soluciones conjuntas, con planes estratégicos que involucren a todos los establecimientos de una misma área. «No vas a terminar nunca con la garrapata a no ser que venga una persona que diga: definimos una zona problema y tenemos que bañar todo. Hacer un plan estratégico parecido en todos los establecimientos de esa zona», insistió.
El desafío de la infraestructura mínima
El control efectivo de la garrapata exige condiciones básicas de infraestructura que, según Riani, muchos productores pequeños y medianos no tienen. «Vos tenés que tener baños de inmersión o baños de aspersión, tenés que tener buenos corrales, tenés que tener buenos alambrados. Hoy todo eso cuesta mucho dinero y tal vez productores chicos y medianos no puedan acceder a esa mínima infraestructura», explicó.
Frente a esta situación, propuso acompañar el plan con herramientas financieras específicas: «Pedíamos un crédito a diez años para que la gente hiciera los deberes. Porque después te dicen: todo bien, pero yo no puedo hacerlo, no tengo baño, no tengo alambrado. Me parece importante adosarle a este proyecto algún crédito para pequeños y medianos productores para el tema de infraestructura».
Una plaga instalada y el aprendizaje regional
Pese a los esfuerzos sanitarios, Riani considera que la erradicación total no es posible. «No vamos a solucionar nunca la garrapata. Eso vino para quedarse», afirmó con contundencia. En ese sentido, subrayó la importancia de aprender de la experiencia de los países vecinos: «Tenemos que aprender mucho de los argentinos, que hace mucho tiempo que tienen la garrapata multirresistente. Tenemos que aprender de los brasileros, que de ahí vino la cosa, y actuar de esa manera».
La resistencia de la garrapata a los tratamientos químicos tradicionales agrava el problema, y obliga a diseñar estrategias más integrales, donde la capacitación de los técnicos sea también un elemento central. «Hay que capacitar a los veterinarios porque estudian en un lugar donde no hay garrapatas acá en el sur, o la incidencia es mínima. Tenemos que trabajar con esos veterinarios que vienen de afuera, que saben y saben mucho, y aprovechar esa experiencia. En la Agropecuaria organizamos charlas con veterinarios argentinos que te dan una cantidad de dicas que permiten sobrellevar el problema», relató.
Costos y efectos emocionales
El impacto económico es severo. Según el directivo, los establecimientos más comprometidos enfrentan costos de entre 30 y 40 dólares por hectárea para el control de la garrapata. Este gasto, sumado a la mortandad que provoca el parásito, genera desánimo entre los productores de frontera. «Lo que más me preocupa es que allá en el norte, los productores de la frontera contra el Cuareim están desanimados porque provoca un efecto emocional la venta, la muerte de las vacas y el gasto, sobre todo en productos sanitarios. Esa gente quiere arrendar o vender los predios y eso nos preocupa sobremanera, porque perder productores a esta altura, con lo poco que somos, no es nada bueno», advirtió.
Normativas y movimiento de ganado
Otro de los puntos abordados fue el de las restricciones para mover ganado con garrapata. «No se va a poder mover más animales con garrapata. Eso van a tener que rever, porque con la ley que dejaba tener garrapata para ir a frigorífico nunca se contagió nadie en la vuelta frigorífico. Y se cuida la inocuidad. Porque si no, el productor, que necesita pagar las cuentas y tiene ganado gordo, aplica un producto y queda limpio de garrapata. Pero la inocuidad de la carne tenemos que protegerla», explicó.
Para Riani, la clave pasa por diferenciar zonas y aplicar medidas según la situación epidemiológica de cada una. «Hay zonas problema y zonas que no son problemas. Entonces vamos a ocuparnos de las zonas problema, vamos a trabajar con agentes dinamizadores, vamos a hacer las cosas todos en forma común. Un plan estratégico en forma común», insistió.
En definitiva, la garrapata seguirá siendo un problema de fondo, pero puede ser manejada con compromiso, infraestructura y conocimiento. «La única manera de frenar un poco lo que se nos viene es trabajar en conjunto. Tenemos que definir zonas problema, trabajar con agentes dinamizadores y hacer planes estratégicos en común», resumió.
Salto, 22 de septiembre de 2025
